Safespeak

Creo que algo cambiará en la forma en que hablamos. Y de una forma inquietante: pasaremos de hablar de forma espontánea a utilizar un lenguaje diseñado para sobrevivir a la vigilancia constante.

Cada conversación que tenemos queda grabada. Cada mensaje, cada videollamada, cada reunión se transcribe, se indexa, se convierte en texto permanente. Y creo que las personas, conscientes de esto, empezarán a hablar diferente.

La escritura nació como tecnología para evitar el olvido. Las tablillas sumerias registraban transacciones porque las palabras desaparecían con el viento. Escribíamos para que algo permaneciera. Hoy, la paradoja parece inversa: todo permanece automáticamente. Cada palabra que pronuncias en una videollamada se convierte en texto «buscable». Ya no necesitas escribir para recordar—la máquina lo hace por ti.

Podríamos estar construyendo, conversación tras conversación, algo parecido al panóptico perfecto. Cuando sabes que tu llamada está siendo grabada, te comportas diferente. Calibras tus palabras, moderas tu tono, evitas la espontaneidad.

Al principio somos conscientes de la grabación. Hablamos más formalmente, evitamos ciertos temas. Es incómodo. Pero con el tiempo, la vigilancia se naturaliza. Nos olvidamos de que estamos siendo grabados. O más precisamente: integramos la vigilancia en nuestra forma natural de comunicarnos.

No dejamos de ser observados. Dejamos de notar que nos observan.

Es una vigilancia distribuida, horizontal, donde todos somos simultáneamente vigilantes y vigilados. El panóptico está en todas partes y en ninguna.

Cuando todo está siendo grabado, cuando toda conversación puede convertirse en evidencia, parecemos desarrollar lo que podríamos llamar safespeak: un lenguaje diseñado para sobrevivir al escrutinio posterior. Ambigüedad calculada, disclaimers constantes, frases hechas que no comprometen.

Un lenguaje que es, por diseño, ambiguo, interpretable, negable si es necesario.

El precio quizás no se mida en libertad de expresión—seguiremos siendo libres de decir lo que queramos—sino en algo más sutil: autenticidad. Cuando toda conversación es potencialmente pública, cuando todo registro es permanente, ¿dónde queda el espacio para el pensamiento provisional, para la duda expresada, para la vulnerabilidad compartida?

Solíamos pensar que la escritura sobreviviría como prótesis cognitiva. Que había una diferencia fundamental entre hablar y escribir… y ahora la palabra oral también es irrevocable.

La distinción entre lo oral y lo escrito se colapsa cuando ambas son igualmente rastreables.

Quizás escribimos todavía no para registrar lo que ya sabemos, sino para descubrir lo que aún no sabemos que sabemos. Pero lo hacemos sabiendo que hasta el proceso de descubrimiento queda documentado.

Si la escritura va a sobrevivir solo como ejercicio de pensamiento, entonces debería ser pensamiento real, complejo, contradictorio.

Me pregunto como afectará el safespeak a nuestra forma natural de pensar. Y si afectará también a nuestros textos escritos.

Autocensurarnos no por miedo a consecuencias externas, sino porque ya hemos integrado la vigilancia en nuestra voz interior.

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Escrito con ayuda de un asistente IA para documentación y entrenado con mis textos previos.


Escrito por Azur

Publicado el